Llegar a “Sensunte”, requiere de mezclar las estupendas visiones que tiene el águila, el búho y el gato; se necesita de la tolerancia de Gandhi y de los reflejos de un superhéroe; esto no es una crítica mal intencionada hacia alguien en particular; en este lugar hay tantos buenos amigos y hay muchas personas honestas y de buen corazón; este artículo es una crítica a las autoridades locales, departamentales y nacionales en el campo de la seguridad pública y de tránsito, al FOVIAL, al Viceministerio de Transporte y al Ministerio de Educación; y es también una autocrítica en general a todos los que formamos esta comunidad de Cabañas.
Desde que se toma la carretera que conduce de San Rafael Cedros, Cuscatlán, a Sensuntepeque se observan una serie de anomalías. No importa la hora ni el día, constantemente los buses y camiones que transitan la mencionada arteria, se detienen exactamente en las curvas, no se salen a la calzada para estacionarse, no encienden las vías, ni las luces intermitentes.
Si es de noche, se tiene que aplicar la ultra súper mega triple visión gatuna para poder ver el camino a través de la momentánea ceguera blanca como la leche (como dice Saramago en “Ensayo sobre la ceguera”) causada cuando un vehículo que viene en el carril opuesto enciende las luces altas unos quince o diez metros antes de quedar frente al vehículo que viene en sentido contrario, en esos breves segundos es cuando se necesita aplicar la visión felina para contraer las pupilas y evitar quedar ciego por la brillante luminosidad. Después de un poco más de un lustro viajando continuamente por estos lugares todavía no he logrado comprender por qué hacen eso. Antes los insultaba en mi mente y en no muy pocas ocasiones lo hice verbalmente, pero comprendí que eso no iba a cambiar su irrespeto al reglamento de tránsito, así que opté por una solución más práctica: reducir la velocidad cuando veo que el vehículo que viene en el sentido contrario se acerca a los 50 metros aproximadamente. Así me he salvado de varios accidentes.
Los domingos o días festivos es casi una blasfemia pretender manejar en esa zona puesto que las calles se hicieron para que la gente camine por ahí, no los vehículos. Una vez más hay que afilar los reflejos del hombre araña. A la PNC rural, urbana o los policías de tránsito no les disgustan estas situaciones, pues los retenes que colocan son para verificar las luces o ver las fotos de las licencias, pero no detiene a los que conducen con un solo foco o a los que no les sirven las luces rojas de freno, ni las vías.
Vehículo automotor avanza en plena noche sobre la autopista que
conduce de Sensuntepeque a San Isidro, con una sola luz encendida.

Imprudencia.
Oriundos de San Isidro sentados a la orilla de la autopista.
Durante la noche es difícil verlos.

Peatones de San Isidro caminando al atardecer dentro de la carretera.

Calle que conduce de Sensuntepeque a Los Llanitos.
En ciertos tramos carece de andenes.

Una de las calles principales, altamente concurrida por ser
zona comercial. Peatón en alto riesgo de sufrir accidente
de tránsito por la inadecuada planificación de la ciudad.

En muchos lugares de Sensuntepeque claramente no hay aceras.

A veces hay aceras; pero hay también ya cierta costumbre
arraigada de caminar en las calles.

Estudiantes caminando en las calles

Una joven madre camina en la calle con sus hijos.
Los automovilistas particulares y del transporte público
irrespetan el derecho de vía al detenerse en medio de la
calle para bajar o subir personas, como lo muestra esta
fotografía y la siguiente.
¿Hay autoridades que puedan resolver este problema? ¿Es que acaso no les importa que los sensuntepecanos puedan sufrir algún accidente de tránsito o es que acá prevalece la ley del más fuerte o se vive con el dicho “el golpe avisa” y “el que pega paga”?
Me da escalofríos pensar que mis vecinos y amigos han vivido bajo la sombra fresca de la apatía a este problema por parte de los alcaldes que han desfilado por el despacho municipal y de las autoridades de tránsito. Es por esa anarquía que los peatones andan como Juan por su casa por las calles, se las cruzan sin ni siquiera ver hacia los lados. Recuerdo que eso fue lo primero que me enseño mi mamá, cuando empecé a salir sola a la tienda de la colonia. Algunos ven que se aproxima un carro y no se apartan. Hay que aguantar también que los automovilistas se queden conversando a mitad de calle con algún conductor (por supuesto que ni se orillan ni ponen luces intermitentes).
Pero cuando pido totalmente ser la reencarnación del Mahatma Gandhi es cuando algún vehículo se para repentinamente, sin previo aviso, el conductor apaga el motor, se baja y entra a alguna casa dejando su carrito estacionado exactamente a medio carril.

No sólo la estrechez se ve en las aceras, sino también
en la calles, lo que produce congestionamientos.
En El Salvador, los accidentes de tránsito están entre las primeras tres causas de consulta en las unidades de emergencias quirúrgicas.
A la sociedad civil les pido que hagamos verdadera patria sin colores políticos o intereses monetarios; a las autoridades municipales y centrales: planifiquemos y hagamos realidad proyectos de mejora vial en nuestras calles; a Educación: implementemos el conocimiento del manual de tránsito en las escuelas y colegios, se puede hacer en Estudios Sociales, bajo las unidades de “Nuestra Comunidad” o cuando se estudie la unidad de El Salvador, aquella en que nos enseñan las cabeceras departamentales, la hidrografía y geografía de nuestro territorio; a los conductores: “el respeto al derecho ajeno es la paz”; y a los peatones: usemos las aceras, si ven un carro en marcha háganse a la orilla.
Hagamos la paz, tomemos conciencia de nuestras responsabilidades.
Fuente:
Blog La Esquina de Erika y Oscar
http://mariandanie.wordpress.com/
Texto:
Érika Mariana Valencia-Perdomo
Fotografías:
Érika Mariana Valencia-Perdomo y Óscar Perdomo León




